CIUDAD DE PANAMÁ El secretario de Estado Marco Rubio se encuentra en su primer viaje al extranjero desde que asumió el cargo, llegando a Panamá el sábado 1ro de febrero para discutir la principal prioridad del presidente Donald Trump, frenar la inmigración ilegal, y llevar el mensaje de que Estados Unidos quiere recuperar el control del Canal de Panamá.
Este viaje inicial refleja no solo el interés personal que Rubio, el primer hispano en ocupar el puesto más importante del gabinete de la nación, tiene en la región, sino también la intención de la administración Trump de concentrar su energía de política exterior cerca de casa.
Limitar la inmigración y combatir el tráfico de drogas son elementos clave de esta administración, así como frenar la creciente influencia de China en el hemisferio. Para Rubio la migración masiva, las drogas y las políticas hostiles aplicadas por Cuba, Nicaragua y Venezuela han causado estragos y el Partido Comunista Chino utiliza la influencia diplomática y económica, como en el Canal de Panamá, para oponerse a Estados Unidos y convertir a las naciones soberanas en sus súbditos.
Por su lado, el presidente, José Raúl Mulino, ha dicho que Estados Unidos es indudablemente mucho más importante para Panamá que China, pero que sin embargo no habrá negociaciones con Estados Unidos sobre la propiedad del canal. Espera que la visita de Rubio se centre en intereses compartidos como la migración y el narcotráfico. Por su parte, Rubio ha indicado el deseo de Trump de retomar el control del Canal de Panamá basado en intereses legítimos de seguridad nacional derivados de las crecientes preocupaciones sobre la actividad e influencia china en América Latina.
De acuerdo con Rubio, las inversiones chinas en puertos y otras infraestructuras e instalaciones en los extremos del Pacífico y el Caribe del canal son motivo de gran preocupación, lo que deja a Panamá y a la ruta marítima vulnerable a China.
Rubio agregó que, si China quisiera obstruir el tráfico en el Canal de Panamá, podría, y eso sería una violación del tratado de 1977 firmado por el expresidente Jimmy Carter bajo el cual Estados Unidos cedió el control más tarde.
A pesar del rechazo de Mulino a cualquier negociación sobre la propiedad, algunos creen que Panamá puede estar abierto a un compromiso bajo el cual las operaciones de los puertos en ambos lados sean retiradas a la compañía Hutchison Ports, con sede en Hong Kong, a la que se le otorgó una extensión de 25 años sin licitación para operarlos. Ya se está llevando a cabo una auditoría sobre la idoneidad de esa prórroga que podría dar lugar a un nuevo proceso de licitación.
Lo que no está claro es si Trump aceptaría la transferencia de la concesión a una empresa estadounidense o europea para satisfacer sus demandas, que parecen abarcar algo más que las operaciones. Algunos expertos en Washington piensan que es posible algún tipo de compromiso entre los dos países y que, si realmente se toma en serio la retirada de Hutchinson Ports, de ser el caso, probablemente Trump quedaría satisfecho.
Otro aspecto que podría satisfacer a Trump es que la justicia panameña lleve a cabo una investigación exhaustiva de la forma en cómo se abrió relaciones con China, debido a que se entiende el país asiático pago 150 millones de dólares al expresidente Juan Carlos Varela y que posiblemente haya existido otros beneficiarios de dicho pago.